Los costes a considerar en la implantación en una empresa de un ERP pueden dividirse en dos grupos:
- Costes externos:
- Infraestructura técnica (Hardware, red, comunicaciones). 10%
- Software (licencias, módulos add-on, actualizaciones). 30%
- Servicios de consultoría, desarrollo, implantación y mantenimiento. 60%
- Costes internos:
- Dedicación de recursos necesaria por parte de la compañía. 20%
- Costes asociados a la novedad en el uso del ERP en la compañía. 80%
Como puede apreciarse, gran parte de los costes son los llamados por algunos especialistas costes invisibles, que son aquellos que normalmente suelen obviarse y que en muchos casos hacen que el proyecto no sea tan rentable como las expectativas presagiaban. Implantar un ERP no consiste en instalar un paquete informático que automáticamente va a solucionar parte de los problemas de gestión de una empresa, sino que es un proceso largo y que en muchos casos requiere un cambio en los procesos de la compañía y en la forma en que sus miembros realizan las tareas, por lo que, en mayor o menor medida, requiere vencer una resistencia al cambio.
En la mayoría de los casos, la implantación puede fracasar por alguna de las razones siguientes:
- Paquetes de software que no cubren las necesidades planteadas por el comprador.
- Mala migración de datos.
- Involucración parcial de la empresa compradora en el proyecto, falta de compromiso de la alta dirección con el proyecto.
- Capacitación insuficiente del personal de la compañía.
- Resistencia al cambio debida al cambio en los procesos, al desconocimiento y a la inseguridad.
- Falta de conocimiento de los consultores de implantación.
- Administración del cambio no eficiente.
Ante las experiencias negativas de aquellos que han luchado alguna vez con el proceso de implantación de un ERP, cabe preguntarse si éste se trata de una solución a los problemas o de un problema añadido.
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