miércoles, 13 de junio de 2012

Niños y redes sociales. ¿Mentiras o absurdez?

Recientemente he leido un artículo sobre un tema del cual hacía tiempo que quería hablar en mi blog, un tema que en repetidas ocasiones ha surgido en mis conversaciones con amigos y conocidos ha suscitado arduas polémicas. Se trata de la restricción impuesta por las redes sociales hacia la entrada en ellas y hacia la creación de un perfil para personas menores de edad, es decir, menores de 18 años.

Como se comenta en el mismo, dicha restricción lleva a mentir a la gran mayoría de los niños, pues no estar en las redes sociales supone ir contra la moda, y en cierto modo una exclusión social.

Bajo mi humilde punto de vista, las redes sociales son una realidad del mundo actual y como tal, negarles conocer esa parte de la realidad a los niños es retrasar su familiarización con un entorno con el que van a convivir y evolucionar durante muchos años. Si se prohibe todo aquello que pueda tener aspectos negativos para un niño entonces crearíamos restricciones sobre muchos otros temas, que a la larga serían contraproducentes para su desarrollo. Por ejemplo ¿le vamos a prohibir leer un periódico a un joven de 14 o 17 años porque en él, hacia la mitad, aparecen las secciones de contactos? (digo estas edades a modo de ejemplo porque supongo que a esa edad ya pueden haber desarrollado curiosidad suficiente por temas generales como para acercarse a leer un periódico más allá de los diarios deportivos y por voluntad propia).

Por otro lado, me gustaría resaltar que incluso la familiarización con estos entornos puede tener incluso un efecto positivo en la educación del niño. He conocido personas dedicadas a la enseñanza que han utilizado este moderno recurso que son las redes sociales para comunicarse con alumnos menores de edad en temas como resolución de dudas o para comentar temas surgidos durante una clase (evidentemente, a niveles donde la mayoría de edad no se encuentra ya demasiado lejos, como en el segundo ciclo de secundaria o en bachillerato) y puedo asegurar, que al menos en esos casos particulares, se produjeron dos efectos positivos: 

i)  Los resultados y el interés del estudiante por la materia mejoró notablemente.
ii) Los padres no solo dieron su consentimiento previo a cada jóven para participar en la inciativa sino que además su feedback al final del "experimento" fue muy positvo.

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